sábado, 15 de marzo de 2008

Uno de Coetzee


Servando Becerra


No sé qué decir. No tengo palabras. Tal vez un monosílabo, un…, no sé…, chiste… Pero no es el lugar, no el espacio; pienso, mejor hablaré de un libro que todavía no termino de leer, pero que me tiene atrapado, mezquinamente por cierto. Si algo me importa poco son las lecturas, los autores, los libros, los muchos libros. No son más que ideas de otros, que normalmente ni siquiera hago mías (Schopenhauer asiente con su voluntariosa testa). Coetzee es un escritor al que uno se acerca sin buscar atajos. Sus libros no son narrativas de fingida erudición histórica, ni sesudos vericuetos rococó, ni, qué diré, una escritura que resulte un viaje al furor de la literatura. Ahora bien, ya en materia, habría que decir que el libro Contra la censura (último de ensayos de Coetzee), no es una joya del pensamiento crítico, no; más bien es una especie de gozne. La cesura, ese mal de todos los tiempos, piedra de toque, marco de referencia ético de muchos titerillos de la democracia. Coetzee escribió este libro en una reacción contra el silenciamiento. Acto, por otro lado, muy socorrido por los amos del mundo. Silenciar. La censura “es un fenómeno que pertenece a la vida pública” escribe el autor. Ni qué decir. Léanlo. Presumo lo harán o ya lo hicieron. Disfruten de un tope contra los propios silencios, los siempre presentes silencios. Y si no, no creo que importe mucho, al fin de cuenta siempre callamos.

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