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sábado, 26 de abril de 2008

Notas azules*


Elaine Equi

1. Es el tipo del día donde cada uno, hasta el cajero, parece estar cerca de las lágrimas.

2. …en la galleta de azúcar del reflector.

3. El poema es un lugar para ocultar cosas a guisa de revelación.

4. Tal como solía fantasear sobre la vida secreta de los objetos, entonces la poesía se hizo un modo de fantasear sobre la vida secreta de las palabras.

5. Mi niñez: una torpeza tan robusta que nadie podría derribarla.

6. La verdad sobre el Modernismo: parece como si cada uno fuera todavía el Finnegan’s Wake.

7. Puedo imaginarme a un Gulliver atado con perfume —flores en vez de cuerdas.

8. El pensamiento de tabloide es el triunfo de la democracia: la venganza sobre cualquier persona que pensó que ellos eran mejor que nosotros.

9. Los tarros hacen que usted ponga en ellos el brillo. Wallace Stevens sabía de los placeres de los tarros. Exhibición de tarros mientras que las cajas ocultan y entierran. La caja última es un ataúd.

10. Nos olvidamos que ser un buen oyente también significa escucharnos a nosotros mismos.

11. Quiero leer, pero estoy demasiado cansada. Mis palabras guardan el deslizarse de los ojos en la página.

12. La voz de la mayoría que me parece oír ahora mismo —¡El dinero!

13. Corto de espíritu.

14. Ha cogido un tufo de relámpago directamente antes de irse a la cama.

15. Sobre la persistencia de las jerarquías: “... el espíritu de la gente menos importante también fue a la morada del bendito, pero no cortaron mucho a la figura que allí estaba; mientras los plebeyos no tenían alma en absoluto o, tenían almas hechas de una materia pobre y atenuada que ellas fallecieron junto con el cuerpo,” (C.E. Vulliamy)

16. Como campanas que suenan en una película silenciosa.

17. MIÉRCOLES DE CENIZA

Exprime
por la parte más oscura --

palabras llanas
conseguidas detrás del olvido.

Cenizas
más suaves que la piel.

18. La tierra es finita. Pero el mundo sigue haciéndose más grande. Demasiado grande para solamente este planeta, para sostenernos en su vistazo que nos hace girar.

19. El olor de pan de jengibre en el vestíbulo y, de la puerta de un vecino, el cacareo de una bruja de historieta.

20. Ansiedad de Separación: dolor de fantasma en el miembro fantasma del terapeuta.

21. Retrocesos Eróticos: El limpiaparabrisas silba como el péndulo en la película “El pozo y el péndulo” como cuando roza el estómago del protagonista. El rayo láser que mueve poco a poco su camino hacia la entrepierna de Sean Connery en “Goldfinger”. Ambos hombres atados —desvalidos contra la tecnología, sin ser ello barbárico o muy avanzado.

22. Sólo la música puede transportar, caminar y volar al mismo tiempo: el bajo sobre la tierra, la flauta en el aire.

23. Un rasgo heredado: petición de direcciones y puntual olvido de ellas.

24. “Sus mentes están siempre ocupadas —siempre adornando.” (Mi madre sobre nuestros parientes)

25. Mirar antes-y-después cuadros de gente en el cielo.

26. Encuentro los espacios en blanco necesarios para vagar y crecer adentro.

27. “Yo” en mis propias manos.



...
*Elaine Equi ha publicado seis libros de poesía. Su trabajo ha sido recogido en las antologías Postmodern American Poetry: A Norton Anthology y en The Best American Poetry en las ediciones de 1989, 1995 y 2002. Creció en Chicago, actualmente vive y enseña literatura en la ciudad de New York.

Nota: El texto en ingles fue tomado de la revista norteamericana Cross Cultural Poetics No 3. La traducción que publicamos es de Raúl Vázquez (versión aún de borrador).

sábado, 29 de marzo de 2008

Poemas de Consuelo Ruedas

Nos morimos, amor,
y nada hacemos sino morirnos más
hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Jaime Sabines


Gracias por despertarme, no puedo ahogarte… Josuhé

I

Seamos cómplices de nuestros pecados,
con dos o tres mentiras
en la luna llena.

II

Es posible que apagues tus ojos,
y el sabor y el aroma del mar,
penetren tu cuerpo y adquieran tu forma.

III

Soy tu centro,
el espacio,
en este poema de origen divino.

IV

Basta mi jornada de a-mar-te,
hoy,
mañana,
el fin de semana próximo.

V

Soy la serpiente en derredor de
tu tronco de agua,
la mar,
la tierra.

VI

A través de la penumbra,
casi a ciegas,
a tientas,
me suicido en tus labios.

VII

Dioses y demonios sueltos.
Se azota un rayo
en el tronco de la hoja.
Surgen yescas azules.


VIII

(Metamorfosis en incendio)
Imagine-se Usted
nada más,
¡qué deseos de quemarme en su boca!

IX

¿Continúa la espera?
(Ateísmo-aroma-azul).
Ya ve Usted, arden mis poros,
asfixiándome en su piel.

sábado, 23 de febrero de 2008

Poemas de Cecilia Romana*

Dos o tres cosas acerca de él


Me limpio la suela en el borde del cantero. Hice
dos cosas inexplicables. La primera: decirle a mi amiga
que se parece al personaje de McCullers ¿Por qué?,
pregunta ella con toda razón. No sé. Por lo alta, quizás,
porque tiene esa manía de estirarse la camisa para
esconder los pezones ¿Por qué?, vuelve a preguntar.
Porque le incomoda ser mujer, supongo. O porque
sabe que los hombres son todos unos cerdos.

Mick ―a ella me refiero―, tiene doce años. Compra
cigarrillos a escondidas. Cuando habla, se aplasta
el flequillo con el puño cerrado. Escribió en un muro:
Edison, Dick Tracy, Mussollini. Después,
en el primer lugar agregó a Mozart ¿Y en qué nos
parecemos?, pregunta mi amiga. Qué sé yo,
en que las dos usan pantalones de tiro bajo.

Desmontamos el puesto. Los libros grandes en el fondo,
los medianos arriba... Qué bien si yo pudiera
catalogar mi amor así de fácil. El sol
se adhiere como una sábana al último piso de la
biblioteca. Él se acerca: remera negra, zapatillas
Lotto. Cargado de hombros, se entiende,
por la edad. O porque sería mucho que
además de buen narrador fuera también atlético.
Él no usa cinturón, salvo en casos extremos.

En realidad son tres cosas, no dos las inexplicables.
Sumémosle a la primera que pisé caca de perro y debería
retroceder en mi aseveración de antes: no todos
los hombres son unos cerdos. Él, de hecho, usa anteojos,
señal de que, en algún sentido, no anduvo por la
calle apedreando a otros muchachos. Apostaría mis
suelas a que es limpio, ordenado y se duerme boca arriba.


***


Una bicicleta para dos escritores

Motor cars, handle bars,
bicycles for two…

Paul McCartney



Avanzo por Rodríguez Peña con mi bolsa de libros.
El vendedor de manteles canturrea: “proteja su mesa”.
Hace dos años, hacía lo mismo en la boca del
subterráneo de Congreso. Cambió de puesto. Estrategia o
como quiera llamársele, hace dos años, tampoco yo era
la misma: iba en bicicleta a visitar a mi hermano.
Trabajaba cerca de casa. Pero ya no. Es encargado de
una librería en el centro. A lo sumo, puede ofrecerme
una rebaja sobre el total de la compra.

Camino apurada. Siempre lo hago, aunque nadie
me persiga. Tarareo: motor cars, handle bars,
bicycles for two
. Todavía sostengo que Paul es superior
al resto. Incluso cuando mi hermano se empeñe: “parece
un mirlo con esos gorjeos”. Es una de las pocas
conjeturas que me acompañan en el tiempo. A pesar
de las pruebas en su contra: no hay canción más
sombría que “Junk”. De la misma forma que no existe
otro escritor ―no existe otro escritor sobre la tierra―, con
quien yo quiera compartir una bicicleta para dos.


***


Litoral


Cuando eras mi padre ―aunque acabaste
no siéndolo: todos los padres tienen que
caer y vos no ibas a convertirte en la
excepción-, yo pensaba que dejarte actuar
no podía ser tan erróneo. Reclinabas el asiento,
tu brazo, con la pericia de un arqueólogo,
atravesaba el mundo de mi remera sin
mangas, decías ―con un diminutivo adelante,
invariablemente―: el tren se lo llevó a los
cuarenta y dos años. Con mi abuela fue igual,
salvo por la línea, claro. Siempre pensé que
iba a morirme a esa edad y ya ves, la fecha
caducó, nadie está dispuesto a ocuparse de mí.

Cuando eras mi padre, yo, que me jacto de una
intrepidez próxima a lo viril, rogaba por
San Bailón, por la Casia, por Tours, que
no se te escapara la palabra “montonero” en
casa. Es un desliz, estoy de acuerdo, no había
forma de que no lo hicieras, y visto desde otra
perspectiva, tampoco tiene sentido, sin
embargo, esa manía de emparentarnos bajo
el múltiplo, de elevar a la potencia segunda
nuestro cuerpo en un auto, en una cama ―y
acabo de decir: “nuestro cuerpo”, como si
fuera uno-, acaso, si hubieras escrito
con aerosol una amenaza en la universidad, o
firmado el bendito decreto para incautar la
biblioteca, ¿no seríamos exactamente lo mismo?

La discrepancia radica en que cuando vos
eras mi padre, no podía tenerte miedo. No
podía, ni siquiera, impedir que mi mano, que
a duras penas me obedece, no tenía forma
de impedir que mi mano, por ejemplo, se
dirigiera por propia voluntad al sitio
de donde proviene el mal de este mundo
que es la generación. Cuarenta y dos años,
dijiste. Y preguntás: ¿vas a quedarte
siempre conmigo? Miro el plato que acaba
de servirte un mozo cualquiera. Pienso:
¿cómo le digo, para que entienda ―digo―,
cómo se lo digo? O sea, ¿cómo le explico el sí?


---
*Poemas del libro inédito Zoología del conejo.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Poemas de En-na Krite

I

Pareciera como si el balcón
fuera toda la vida
gestada por esas personas,
totalmente aparte de la originalidad.

Toda la vida de esas personas ilusas
se desparrama igual que la mierda de las palomas.


II

¿Para qué escribo? ¿Por qué no cambio mi personalidad?
Hay fantasmas, focas, momias, robots, afuera, gente podrida.
Soy la única fruta sin gusanos.
Decir perra o hija de perra es un halago. Yo quisiera fuera
verdad ser hija de perra y gracias a Pasteur no morir de
rabia.


III

Fulano de tal está más dormido
que la calca de la falla
de san Andrés.

Funcionario del epicentro sur,
ha sido huracán del equinoccio
vespertino.

He sido la fe de errata.